Liberando Cabos

Parte del diario de viaje Patagonia 2012


…volviendo al estilo diario.

Si bien tenía muchas ganas de conocer “la ciudad del fin del mundo” mi objetivo utópico era seguir hacia el sur, al continente blanco, la Antártida. Un par de años atrás había leído acerca de veleros que se aventuraban desde ahí hacia el hielo eterno que tanto me apasiona y decidí dedicarle los finales días de mi viaje para intentar visitarlo. Para esto recorrí y agoté todas las posibilidades y contactos en Ushuaia y si bien arañé la posibilidad, no pude conseguir ese sueño que quedará para más adelante.

Lo lindo que tiene la vida, las relaciones humanas y el viajar sin programa es que siempre hay una sorpresa para el que la quiere encontrar: luego de algunos días de intensa búsqueda me encontraba colocando mi mochila en el camarote de popa de un barco para navegar por 13 días alrededor del Cabo de Hornos y los canales Fueguinos, a los pies de la Cordillera Darwin. Un viaje que me marcó a fuego, valga la redundancia, y me mostró lugares que pocos tienen la chance de ver.

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Club Náutico Ushiaua, Sobre el Canal de Beagle.

Mi hogar sería un velero de fibra con bandera italiana llamado La Pinta. Con 46 pies de eslora (casi 15 metros), 3 cabinas y 2 baños tiene capacidad para 8 pasajeros y cuenta con todos los chiches que se precisen, desde calefacción hasta internet satelital e incluso TV, que por supuesto no tocaríamos en todo el viaje.

Trayecto aproximado del trayecto.
Mapa aproximado del trayecto.
La Pinta en el Seno Pía
La Pinta en el Seno Pía

Liberando cabos

Nuestro primer destino era el pueblo de Puerto Williams, escala obligatoria para nuestro viaje ya que tanto el Cabo de Hornos como los canales del brazo norte del Canal de Beagle que visitaríamos más adelante le pertenecen a Chile y es necesario hacer los trámites migratorios antes de poder navegar por sus aguas. Pero primero era necesario salir de Argentina realizando también los trámites migratorios correspondientes en la aduana donde no solo se hacen las formalidades sino que se declara, mano en la biblia, cuántas cámaras fotográficas y armas de fuego van a bordo.

Ushuaia, sobre el Canal de Beagle
Ushuaia, sobre el Canal de Beagle

Ya de vuelta en el puerto, estaba todo listo para partir, mis petates guardados en el camarote de popa que compartiría con el ayudante del capitán y mi emoción/expectativa por las nubes. Soltamos algunos de los cabos a tierra preparándonos para salir cuando un ayudante del club náutico, en un afán de ayudar, soltó los últimos cabos a tierra sin que el capitán le diera la señal. Quedamos a la deriva antes de tiempo y además con otro barco amarrado al nuestro! Por suerte, ambos capitanes supieron controlar la situación y luego de un pequeño sobresalto ya estábamos en el canal rumbo a Chile.

Camarote de Popa de La Pinta
Camarote de Popa de La Pinta

La corta navegación a través del histórico Canal Beagle fue con poco viento. Pasamos por pequeñas islas, entre ellas la que alberga al “faro del fin del mundo”, símbolo de Ushuaia y objeto del 80% de sus postales. Tuvimos la primera muestra de la exuberante fauna marina del Beagle: cormoranes, lobos, pingüinos de Magallanes y aves de todo tipo.

Navegando por el Beagle
Navegando por el Beagle

Llegados al club náutico “Micalvi” de Pto. Williams, no pudimos entrar porque los veleros se habían alineado en la entrada y nuestro intento de pasar en el angosto espacio terminó en un roce de la quilla sobre el fondo. Amarramos el barco a una boya hasta que salió un velero media hora más tarde. Luego de los trámites aduaneros dimos una recorrida por el pueblo, compramos víveres y volvimos al barco.

Club de yates Micalvi, Puerto Williams
Club de Yates Micalvi, Puerto Williams

Al día siguiente continuamos nuestro viaje hasta el pueblo de Puerto Toro, que es indiscutidamente el poblado más austral del mundo. Debido al escaso viento fue necesario prender el motor diesel gran parte del trayecto. El Beagle siguió regalando sus increíbles paisajes y fauna. También pasamos cerca del barco “Logos”, encallado en un bajo en el medio del canal.

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Aguas calmas en el Beagle

Puerto Toro es un pequeño y simpático pueblo de pescadores de centolla y centollín, unos cangrejos tipo arañas gigantes, muy valiosos en el mercado pesquero. Como en verano su pesca está prohibida, los pescadores no viven en el pueblo y su población me comentaron no pasa de los 30. En temporada, que va desde Julio a Noviembre, los pescadores vuelven a la zona y la población de Puerto Toro aumenta considerablemente. Cuenta con una pequeña capilla a la orilla del agua adornada con imágenes de algún patrono del mar.

Nueva marina recientemente inaugurada en Puerto Toro
Nuevo muelle recientemente inaugurado en Puerto Toro

Recientemente fueron inauguradas pasarelas de madera que conectan todas las casas del pueblo, algo similar a lo que había visto en Caleta Tortel y también el muelle había sido hecho a nuevo y se notaba. A unos pocos pasos del pueblo sobre la boca de la bahía en la que se encuentra el pueblo quedan todavía trincheras remanentes del conflicto que hubo entre Chilenos y Argentinos por tres pequeñas e insignificantes islas sobre el Beagle: la isla Picton, Lenox y Nueva. Por suerte el Papa de ese entonces, Juan Pablo II, pudo hacer entrar en razón a los políticos y se evitó otra matanza cargada de egos y simbolismos sin sentido, con todo el respeto a los involucrados y sin animo de ofender a nadie por supuesto.

El tercer día partimos con destino a nuestro primer fondeo, Caleta Martial, de donde esperaríamos el momento oportuno para en un día rodear el mítico Cabo de Hornos en sentido antihorario, desde el Pacífico al Atlántico. La navegación siguió siendo muy tranquila, cruzamos la Bahía Nassau en un mar muy calmo a pesar de su fama de temperamental. También vimos por primera vez a los delfines que nos vinieron a buscar dando saltos por todos lados y nadando de costado para poder mirarnos a los ojos.

Delfines, curiosos y jugetones
Delfines, curiosos y jugetones
Gaviota al vuelo
Gaviota al vuelo

Pasamos por islas inhabitadas, moldeadas por el clima extremo de la zona. La vegetación, no exuberante pero si presente, tiene los rasgos de supervivencia y adaptación típicos de la zona. Amoldados a los constantes e intensos vientos, los árboles y arbustos son de poca altura y todos delatan el fuerte viento oeste predominante, doblados como si hubiesen sido barridos por una creciente de un río. Además, en las laderas del lado este de las islas es increíble observar como los árboles se apilan acompañando aerodinámicamente la línea de la loma.

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