Seno Pía, el lugar más impresionante que ví en mi vida

Parte del diario de viaje Patagonia 2012


 

A las 7 AM ya estábamos realizando la maniobra para navegar otra vez hacia el Este con destino al Seno Pía, que como lo dice el título, es quizá el lugar más impresionante que he visto. Durante la navegación por el Canal de Beagle pudimos admirar más glaciares como el Italia, Francia, Alemania y el Romanche. Todos tienen su estilo y son particulares en alguna forma. El Italia desprende más hielo y tiene una gran diferencia de altura, el Alemán es más impresionante y sólido.

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Increíble Glaciar Italia, Canal de Beagle, Patagonia
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Glaciar Alemania, Canal de Beagle, Patagonia
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Glaciar Romanche, Canal de Beagle, Patagonia

A unos 50 km de Caleta Olla se encuentra la entrada del Seno Pía, un fiordo metido en la cordillera con unos paisajes descomunales. Luego de una corta navegación por su tramo central, el fiordo se divide en dos brazos casi paralelos que se adentran aún más en las montañas hasta terminar en imponentes glaciares.

Seno Pía
Seno Pía

Tomamos primero el brazo izquierdo, más al oeste y lo que se vislumbra es tremendo. No uno ni dos sino que tres glaciares caen montaña abajo de forma espectacular llegando hacia el agua misma, todos de diferente forma y color, con y sin morrena, con y sin cascada. A todo esto, como si verlo una sola vez no fuera suficiente, el agua quieta como un espejo refleja a la perfección el imponente espectáculo. Imposible describir lo que uno siente ante tal magnitud, pero sobre todo un sentimiento enorme de gratitud hacia mi situación.

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Seno Pía
La Pinta en el Seno Pía
La Pinta en el Seno Pía

Cuando la cantidad y tamaño del hielo no nos permitió continuar de forma segura, emprendimos la vuelta hacia el brazo este donde pasaríamos la noche. El fondeo lo hicimos en una bahía razonablemente protegida de los vientos Oeste, aunque cuando fondeamos el viento era cualquier cosa. A eso de las 3 pm el barco ya estaba asegurado pero como el mar estaba un poco picado no quedaba otra más que esperar para poder ir al glaciar, cosa que no me desagradaba en lo absoluto gracias al impresionante paisaje que rodeaba los 360 grados del compás.

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Vista del glaciar desde nuestra caleta.

Al rato el viento se planchó permitiéndonos ir brevemente hasta la costa hacia el norte para poder ver de cerca la inmensidad del hielo eterno, que desgraciadamente a este ritmo “eterno” significa quizá unos 40 años… Un río tormentoso generado por el mismo deshielo no me permitió llegar al glaciar mismo pero sí lo pude apreciar desde unos pocos metros. De nuevo me sentía en la casa de Superman, solo que teñida de negro por los sedimentos.

Claciar, Seno Pía
La casa de Superman, sucursal Chilena, Seno Pía.

Navegamos de vuelta al barco sobre un mar ya muy diferente, a los saltos entre las repentinas olas. De tardecita, a eso de las 9.30 pm, los últimos rayos de sol encendieron al glaciar al rojo vivo creando un espectáculo surreal, el tercero en el día…y pucha que me sentí afortunado cuando puse la cabeza en la almohada.

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Glaciar encendido a fuego con el sol de la tarde, Seno Pía

Conociendo los famosos Williwaws de los mares del sur

Amanecimos bajo lluvia y emprendimos viaje. Nuestro destino era otra caleta hacia el sur pero debido a un contratiempo mecánico tuvimos que regresar y cambiar nuestro destino. Navegamos a vela con el poco viento que había de vuelta al Canal Beagle. Nuestro nuevo destino era Caleta Ferrari, en la bahía de Yendegaia, hogar de un personaje patagónico mítico: el Gaucho Machuca que como no pude conocerlo, su historia quedara para otra entrada de este blog.

Otro velero de los mares del sur
Otro velero de los mares del sur

La navegación por el Beagle fue fría, ventosa, lluviosa y con un viento mediocre y cambiante por lo que la poca vela que sacamos la tuvimos que ir cambiando de lado. Pasamos “Punta Divide” y entramos a la Bahía Yendegaia a nuestra izquierda. Allí fue donde por primera vez experimenté de primera mano los famosos e infames “williwaws”, vientos que bajan de las montañas como avalanchas heladas sorprendiendo hasta los marineros más expertos, haciendo hervir el agua a su paso. Así como llegó se fue y unos 20 minutos más tarde estábamos en Caleta Ferrari, con la casa del famoso gaucho a un tiro de piedra.

Glaciar sobre el Canal de Beagle
Glaciar sobre el Canal de Beagle

A eso de las 8 levantamos ancla y emprendimos el retorno hacia Puerto Williams, paso necesario para salir oficialmente de aguas chilenas antes de regresar a Argentina. Dejamos a Ushuaia a estribor muy pintoresca, con las montañas de fondo recién nevadas y el monte Olivia, como siempre, presente. Unas horas más tarde estábamos dando la vuelta a “Punta Gusano” y entrando al Micalvi por tercera vez.

Canal de Beagle y Cordillera Darwin
Canal de Beagle y Cordillera Darwin

El día siguiente era mi cumpleaños. Y si bien lejos de mi familia, amigos y terruño me sentía tan contento que ni se notaba la distancia, como no sentirme así si cada día era mejor al anterior? dejarse atacar por la nostalgia sería un insulto!

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Club de Yates Micalvi

Subimos al Cerro Bandera, que se levanta sobre el pueblo hacia el sur. La caminata es fácil y las vistas son impresionantes: el Beagle a lo largo y ancho y la cordillera de fondo. Como me quedaba luz y ganas seguí caminando a buen ritmo hasta otro cerro más al sur de donde pude ver los famosos “Dientes de Navarino” y parte del valle por el cual pasa el principal circuito de trekking de la isla.

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